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Violento Parra

Violento Parra: apuntes estéticos y políticos

Iván Insunza escribe en Hiedra algunas notas a partir de la polémica por la presentación de Violento Parra (Mauricio Palma) en La Red el pasado viernes. ¿discurso de odio o parodia sin elaboración?

 

La reciente polémica twittera, suscitada a partir de la presentación del comediante Mauricio Palma y su personaje Violento Parra el pasado viernes en el programa Mentiras Verdaderas, me generó la curiosidad suficiente para ir a ver en YouTube el registro del programa. Desde ahí levanté estos apuntes y, sabiendo que es una escisión artificiosa, he decidido presentarlo en dos partes: un abordaje estético y uno político.

Sobre el asunto estético

Si me lo cuentan me parecería interesante: un comediante que creó un personaje para satirizar los discursos de odio y crear de este modo algo así como una denuncia y visibilización de esos discursos, un contra-ataque. En clave tuitera diría: para “desnaturalizar” el sentido común de un fascismo criollo.

Más interesante en apariencia si el personaje, es un “trovador ABC1” que al mismo tiempo le permite a Palma parodiar un imaginario estético-folklórico de la tradición de izquierda y que, ante el exceso de pedantería y ausencia de talento, plagia referentes artísticos consagrados sin reconocer la evidente semejanza e insiste en la potencia y excepcionalidad de su genio.

La operación es tremendamente compleja –sátira y parodia simultánea a distintos objetos- y la ejecución sumamente desprolija. Primero: al alero de la ficción que levanta no es necesario que componga, cante ni toque bien la guitarra (y efectivamente lo hace pésimo, lo que ya lo vuelve bastante difícil de soportar). Si la falta de talento es de Palma o de Parra es irrelevante, sin embargo esa primera capa de desprolijidad, diríamos técnica, condiciona fuertemente la recepción aun no siendo lo más grave.

Luego, también es descuidado en el manejo de la actuación, la parodia y la sátira. Pero hay un elemento aún más gravitante pues creo que da pie a las confusiones y juicios que han circulado en internet: el trabajo es débil respecto de la coherencia interna de la ficción, cuestión que se evidencia por la intermitencia del lugar político de enunciación entre Palma y Parra. Finalmente no sabemos quién dice “yo” en aquellos discursos de violencia, aun cuando cualquier persona con un mínimo de discernimiento pueda entender el ejercicio de representación y la correspondiente doble capa del fenómeno para ponderar con lucidez la literalidad que se despliega.

Me parece que el trabajo de Palma fracasa en su promesa de ser gracioso y no pasa de ser una buena y compleja idea sin elaboración. Fracasa también pues no logra una articulación de sentido suficiente entre lo que se satiriza y lo que se parodia, desactivando la potencia crítica que se pretende.

Sobre el asunto político

La cuestión sería si es válido o no proponer la cancelación -ya no del autor, sino del personaje- bajo el argumento de que resulta violento para determinado individuo o grupo. Evidentemente la polémica se detonó fuerte a partir de su “proyecto” Alejandro Trans, sin embargo, esos mismos argumentos podrían ser válidos para individuos o grupos variados.

Lo digo pues es necesario señalar,  para quienes sólo vieron el clip de 17 segundos en redes sociales, que la violencia de Parra es transversal, tal cual la violencia del fascismo eterno. También es contra el pueblo mapuche, contra los feminismos, contra el comunismo, contra la pobreza, etc. Incluso remata una canción sobre Colonia Dignidad cantando y haciendo el gesto del «Sieg Heil» nazi.

La pregunta es entonces bajo qué argumento opera la cancelación si nadie es suficientemente literal como para no comprender la operación satírica y, por lo tanto, entender que allí no hay discurso de odio sino ridiculización y toma de posición crítica del mismo. El argumento que más leí no me convence, pues vuelve a poner al centro de una discusión que debiese ser política, cuestiones personales que se terminan por transformar en lo que Catherine Millet llamó “la dictadura de lo que se siente”. El disgusto, la incomodidad, el daño, no son motivo suficiente para cancelar nada ni a nadie. Cabe insistir en que esto no significaría escindir los afectos de la política, sino simplemente evitar que lo moral (individual o grupal) pretenda pasar por político.

En ese sentido, para mí, la discusión más interesante sigue siendo la que abordamos el año pasado en HiedraFM con Martin Kohan: qué elementos constituyen el discurso de odio o, parafraseando el texto J. Austin, qué palabras efectivamente hacen cosas, constituyen acciones, y debemos acordar en común la interrupción de su circulación.

Una vez establecida esa base, todo individuo o grupo debería tener la libertad de operar sobre el lenguaje del modo que mejor le parezca para su producción de obra en el ámbito cultural. Sea o no exitoso en sus pretensiones respecto a la recepción, la libertad de expresión no puede ser un privilegio que se asegure según el éxito de un individuo u obra.

Me parece que otra cuestión clave aquí es el hecho de que Palma juega, o pretende jugar, también con la incorrección política, no simplemente por su detonado uso, sino por la aparición de esos discursos en Violento Parra como consecuencia de una profunda ignorancia que llega al punto tal de no saberse incorrecto y desconocer absolutamente su falta de conexión con realidad social.

Y es curioso, pues Palma es a la vez muy correcto políticamente. Al interior de su “crítica” hay espacio para todos “los oprimidos” como el mismo Palma define a los grupos e individuos con los que tiene simpatía política en un video en que pide disculpas si alguien se sintió pasado a llevar con la rutina.

Una vez más, no se trata de qué experiencias en el cuerpo habilitan o no a alguien para referirse a un determinado tema o decidir según su sensibilidad lo qué se puede o no se puede decir (raza, clase, género), sino el peligro que revierten este tipo de torpezas en un escenario donde la disputa del sentido común se ha vuelto central en el horizonte de representación política. En cualquier momento pasa JAK y nos explica que lo que hace Palma es una ironía y su sensatez cautiva a otro par de angelitos perdidos.

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Imagen: Violento Parra siendo crucificado en viernes santo.

Estudió Cine y audiovisual, es Actor (IP arcos), Magíster en Artes con mención en Dirección Teatral y Dr. - PHD (c) en Filosofía con mención en Estética y Teoría del Arte (U. de Chile - Universität Leipzig, Alemania).